Habíamos intercambiado miles de mails, más en el último día, los nervios causaba estragos y el único medio de exorcizarlos era a través de la escritura, banal, fortuita de mail, retazos de pensamientos, juegos, risas y otro poco de aún no sé qué.
la tarde era gris, llovía no prometía mucho, pero sabíamos dentro había mucho sol. y cosquillas, mariposas, no sabemos qué!.
Cruzaba plaza de mayo, el punto de encuentro era clave, galería del cabildo, pues ella en su rebeldía renegaba de la burguesía de un buen paraguas.
Admito haber hecho trampa, aparecí del otro lado de la plaza, sí, quería ver si a la distancia sabía quién iba a ser y fue cierto, sin haberle visto las zapatillas rojas, sabía que esa, esa que estaba sentada en la escalinata, que se percibía, más que se veía, esa era ella.
Nerviosa miraba si podía ver llegar a la otra que estaba esperando, otra que tal vez no era yo, otra construida en lo profundo de su psiquis, otra que puede confundirse conmigo, otra que es y no parte mía.
Y la miraba, la miraba no mirarme, la miraba ver el horizonte y me sonreía para mis adentros, la miraba y algo explotó dentro de mí, algo se soltó, no podía dejar de mirar, pero a la vez tenía que cruzar la plaza.
Nervios, cómo me acerco?, qué le digo?, le veré la desilusión al verme?.
Me arriesgo, cruzo, camino, me detengo, la observo de atrás, la percibo no hay vuelta atrás. Ya está...
El bien esperado pucho del que tanto se había hablado se hizo realidad, se haría realidad todo lo que se había pergeñado en mi mente a través de los mails y de los días pasados? esa respuesta aún no la sabía, pero en esa noche se diluiría tal duda, no quedaba otra que seguir avanzar.
Nervios, charla, cerveza, y su tortilla, su risa me desconcierta, su forma de frotarse los ojos levantando a penas los cristales me gusta. Ella es más ricotera que yo, lo percibo por palabras sueltas, esa mezcla que hace sin ningún miramiento por la real academia me divierte, ella te mezcla prurito con flasheo sin pudor, ni vergüenza.
Me gusta, sé que tiene cosas que guarda, yo también, todos tenemos nuestros secretos. Espero que eso no afecte.
Como nada dura para siempre, una cerveza, dos cervezas se terminan bien pronto. Cómo encarar esa vuelta?, cada una a sus hogares, como encarar las preguntas realmente importantes ¿era yo lo que buscabas?, ¿se aproxima lo real con lo idealizado?, ¿cómo se sigue?.
Y la lluvia, maldita lluvia. Cae en buenos aires, cae en San Telmo con prisa, con ímpetu, la envidio, tiene más agallas que yo, ese brazo que de repente quiere cobrar vida y que con la excusa de atraerla hacia debajo del paraguas sentirla, tocarla a penas, a través de capas y capas de ropa, sentir su calor. Pero, soy cagona, lo admito, tengo miedo, miedo del no, siempre el no. y mi brazo se paraliza, se convierte en inútil aditamento ya que encima molesta al estar en medio de las dos.
Y la lluvia que cae y miro, miro donde inventar una parada, de repente quiero caminar toda la noche debajo de este inmenso paraguas caminar para que no haya una despedida. Sus nervios contagian los míos y la lluvia, maldita, que no para.
Sé que está esperando ese gesto, y yo no me atrevo, viene su colectivo, que no le pare ruego internamente, pero no, justo un colectivero buena onda le tocó. Le para, no importa que no sea su parada, le para, no queda otra que subir, adiós, hablamos, cuidate, despedida a los apurones, y un beso que urge por salir, un beso disfrazado de despedida roza levemente la comisura de sus labios, un beso que paraliza y sorprende, un beso que trae consigo la promesa de algo más. Un beso que aunque leve, esa noche no me dejó dormir.
Ahora cruzo en la calle un par de zapatillas rojas y me acuerdo de ella, con una sonrisa en la cara.
2 han dicho de esto...:
Muy tierno, muy lindo...
¡Uf! ¿Et puis? ¿Más mails? ¿Más besos? Un saludo desde estos lares.
Publicar un comentario