Una baldosa, luego otra y otra y otra, unidas con cemento, tapando el verde del suelo, la naturaleza fue retrocediendo a medida que el hombre avanzaba y el hombre no se dio cuenta o no quiso, fuimos perdiendo poco a poco la sensibilidad de nuestra madre tierra, en vez de ver paisajes naturales, prados colinas o el mar un sin fin de carteles contaminó nuestra visión, y no supimos nunca más volver a ver, nos convertimos en autómatas sólo motivados para consumir más, consumir los que los grandes carteles de neón nos indicaban, ya no escuchábamos naturaleza, sólo ruido de bocinas, enojo y más enojo traducido a bocinazos. Ya no recordábamos como era la naturaleza, que era sentir el verde en nuestras plantas o el trinar de un pájaro, sólo escuchabas retumbar los rieles con el paso de los trenes y las alarmas de los cruces a niveles, y bocinas. Aprendimos a correr para llegar a ningún lado y aprendimos a enojarnos con todo, con todos por no llegar en el tiempo estipulado, estipulado por no sabemos quién, sospecho que por los carteles y el mismo sonido a bocinas. supimos enojarnos, sólo porque habíamos perdido como aprender otra cosa, supimos correr y olvidamos el saber detenernos para observar y observarnos.
Perdimos el equilibro sin antes siquiera encontrarlo en un afán por llegar sin tener en cuenta bien claro llegar a donde, la carrera pasó a ser el fin, y no un medio, sobrevaluamos el concepto de tener, y perdimos la idea de ser.
Nos olvidamos que estamos de paso y que nada tenemos y que lo que tenemos no nos hace ser.
Busquemos el equilibrio, aún está en nuestros corazones, saber donde parar y saber donde buscar.
Hay una llamada más ancestral que nosotros mismos y es latente en todos nosotros, algunos se han olvidado y en otros ahí está, escuchemos los sonidos primitivos, aquellos de nuestro corazón, podemos torcernos, pero el destino está ahí.
Hay veces que tenés que detenerte en esta alocada carrera y volver atrás y retomar el camino que dentro tuyo sabes que es el correcto, a veces da miedo, terror, encontrarse con nuestro destino, espero por mucho que nos desviemos el camino está ahí desde antes de haber llegado, desde antes de haber salido de la largada, podremos renegar, pero es ahí donde nos realizaremos, no en la carrera.
2 han dicho de esto...:
Qué hermoso que haya gente que sigue escuchando ese llamado.
Cada vez somos más los que nos negamos a participar en una carrera sin sentido. Los que siguen corriendo no lo notan. Pero las cosas están cambiando.
gracias splash! (me recordás a Daryl Hannah, jaja)
por tu comentario.
Saludos
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