La condesa Bocattula estaba en su castillo, deleitándose con lo que más le gustaba pequeñas campesinas, de piel prístina y sangre tan virginal que de solos mirarlas se le hacía agua la boca. En el castillo, todos los sirvientes sabían de los placeres secretos de la condesa, pero como todas eran viejas sirvientas se sentían a salvo, Bocattula sólo se servía de jovencitas, no es que las matara, les gustaba tenerlas ahí en diversas habitaciones, las cuidaba las mimaba a cambio sólo les pedía una bocattito de su preciosos cuellos. Más cuando se hartaba de los berrinches de las púberes, le agarraba dolor de cabeza y el mal humor era insoslayable, pobre de los sirvientes, eran ellos los que finalmente para el bien de su condesa y por el bien de su salud mental, se deshacían de las jovencitas dejándolas en el bosque en el medio de la noche. Ellos decían que si eran capaces de volver a sus pueblos y a sus familias, eran merecedoras del beneficio de haberlas soltado.
Lastima que muchas nunca volvían otras preferían agarrar otros rumbos, la perversión de la condesa se les había contagiado y luego de vivir una vida de placeres en el castillo, querían simplemente buscarse alguna otra condesa con más paciencia para sus berrinches
Pero un buen día, la famosa Van Rodchenko, cazadora experta de vampiros decidió terminar con las jodas constantes de la Bocattula, parece que los vecinos del castillo se quejaron en reiteradas ocasiones por los ruidos de las orgías de la condesa, ohh esas fiestas si que eran glamorosas, por ende ruidosas. Música, comida y sangre corría por doquier. Bocattula amante de la buena vida nocturna, como todo vampiro que se precie sabía hacer las mejores partys de todo Transilvania
Van Rodchenko cayó en medio de una fiesta, cosa que no le cayó en gracia a Bocattula, su mal humor estaba a un tris de explotar, no había nada peor para ella que no la dejen comer cuando tuviera hambre, a veces era como una niña, a pesar del metro setenta y de tener casi…cuatrocientos años.
Van Rodchenko, cortó la música y con estaca en la mano persiguió a Bocattula por todo el castillo, los sirvientes se escondieron en las cocinas, las púberes que no sabían que era lo que había parado la música, no sabían nada de lo que podía pasar
Bocattula, sabia por naturaleza vampiríca, se dejó perseguir un ratito, los juegos le hacían recordar viejas épocas de juventud…
No se sabe bien qué pasó pero la perseguidora se convirtió en presa, Bocattula olió la sangre joven que corría por las venas de Van Rodchenko y sintió un vacío existencial en el centro de su estomago o talvez se enamoró, no sabemos bien, la cosa es que con los colmillos afilados, persiguió a Van Rodchenko hasta que ésta no dio más del cansancio y pidió una tregua. Bocatto, astuta y vil, pretendió dársela hasta que quedaron las dos sentadas en un amplio sillón Luis V muy monono pero terriblemente incomodo…
A pesar de las súplicas de Van Rodchenko, Bocattula terminó mordiéndola, era una niña que cuando quería algo, lo tenía sin más. “Esta en mi naturaleza, perdóname” le dijo, pero Van Rodchenko con la palidez de la luna en su piel no pudo responderle.
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