domingo 4 de septiembre de 2011

Volver a empezar


La cocina era grande y entraba un sol radiante por la ventana de arriba del fregadero, en la mesa había un desorden más que el habitual, rodajas de pan por todos lados, mermelada en el piso y manteca derretida en la mesa. Una taza rota en el piso, y la máquina de café que largaba un rico olor a café recién hecho, en la tostadora el olor a pan tostado se iba convirtiendo en olor a pan quemado.

En la habitación, el padre dormía, profundamente, era su cumpleaños número 35, el otro lado de la cama estaba inmensamente vacío, él trataba de hacerse a la idea de eso pero a veces la realidad lo superaba y las lágrimas salían de sus ojos sin consuelo, si no fuera por la hija de 6 años que tenían hacía mucho tiempo se hubiera dado por vencido, pero a veces simplemente la vida le pesaba demasiado, sobretodo en sus cumpleaños, cuando recordaba otros en familia muchos más alegres.
Días de sol y risas y juegos compartidos. Pero esos días se fueron robados por una enfermedad, y el dolor instalado en el corazón de dos personas, una mayor que tenía cabal conciencia y la otra una niña que sabia que dolía, pero en la ingenuidad de su inocencia no sabía como lidiar con tanto dolor, y con el dolor de su padre, que la alejaba de ella.
Ella entró por la puerta de habitación, la bandeja le quedaba enorme para sus pequeñas manitos, casi vuelca el café, el padre abre sus ojos con el ruido y con el olor a tostadas y café y la ve ahí en el rellano de la puerta y una lágrima quiere escapársele, no sabe en qué momento su bebé había crecido hasta convertirse en esa pequeña personita que no había perdido la capacidad de sonreír.
Le alcanza el desayuno a la cama y una sonrisa se le escapa a él, parecía que hacía muchísimo tiempo que no lo hacía, casi había olvidado como era.

Las risas y los juegos vuelven de la mano de ese pequeño gesto de la pequeña que no sabía como volver a conectarse con su padre.
Y le funcionó, tanto que o volvió a repetir, durante varios días, el padre volvió a sonreír, y a tener más ganas de todo, el dolor iba cerrando, lentamente, se había dado cuenta de que había alguien más por quien vivir, y qué merecía todo lo mejor.

3 han dicho de esto...:

Delirium Tremens dijo...

Knock out.

Lola dijo...

delirium: nah ni ahí...

Delirium Tremens dijo...

No hay necesidad de contradecirme por todos los medios posibles.