Cuando uno vive en un pueblo chico no hay muchas cosas para hacer, y generalmente nos conocemos todos, todas, sabemos o parloteamos de las miserias de todos, con justo derecho, el derecho de ser vecino, conocido, pariente de alguien cercano, porque simplemente nuestros padres se han conocido, porque en un pueblo es así, nuestros padres se ahn cruzado en algún trabajo, en la escuela o porque hay tontenado con la prima, amiga de la novia, prima o hermana de la que merece nuestros más acérrimos chismorreos
Hablamos de las miserias, de los logros, si también pero eso no es divertido, eso no lo hablamos, no vale la pena pararse de camino al almacén para contarle a nuestra vecina lo bien que le va o la suerte que ha tenido en la vida fulanito, menganito o don perez, lo hablamos, pero de pasada sin darle importancia, como para demostrar que lo charlamos porque…porque se debe charlar, todo se debe charlar, pero lo mínimo imprescindible para que no se denote la envidia, ni el enojo, sí; enojo porque a ese, esa vecina le va tan bien y nosotros, oh nosotros pobres trabajadores, buenos cristianos vivimos en la lucha constante y nunca tenemos una recompensa.
Cuando uno vive en un pueblo no tiene muchas diversiones, por eso tenemos el chismerio, cuando uno vive en un pueblo, no tiene mucha vida social, no es que haya teatros, cines, bares para ir a tomar el té de las cinco, las señoras o el vermouth los señores antes de volver a cenar a sus casas, junto a sus perfectas familias. No, no hay mucho qué hacer, salvo trabajar, criar lo mejor posible a los hijos, hacer la cena, todas las noches, esperar al marido que vuelva de trabajar.
No nos queda otra que charlar, hablar discutir y debatir de lo que más conocemos, de nuestros vecinos, porque inevitablemente, como dijimos antes, todos; en un pueblo todos nos conocemos
Cuando uno vive en un pueblo, los chicos juegan a la pelota, las chicas a las muñecas, los que son un poco más grandes ayudan a sus padres, los chicos a las tareas propias de un hombre, y las niñas a las tareas propias de una ama de casa, incoscientemente te van preparando para lo que será tu vida, una copia fiel de lo que fueron, de lo que son sus padres.
La rutina de los días se hace eterna y nos va hundiendo en la desesperanza de los días venideros, nos hundimos un poco más en la mediocridad en el hacer cotidianos como autómatas, no pensamos, dejamos de sentir, vamos viviendo adormecidos de otras realidades, no nos importa nada más que el puchero que está en el fuego, que no sea nuestro marido el que se esta acostando con la vecina, que el horror y la deshonra o la desgracia no nos toque de cerca, vivimos por y para el día a día.
Esta rutina es rota una vez al año, quiebre esperado por todos, aunque renieguen por salirse de la costumbres diarias, porque sí, porque nos gusta y no nos gusta, una vez al año, la rutina se quiebra, pero en otra rutina que tiene aires de novedad, siempre renovados pero que con el tiempo se incluye como una rutina más de la forma de vida que se tiene en un pueblo.
Durante cinco días, viene la novedad envuelta en cumbias y olores a choripan, durante cinco días los chicos tienen permitido acostarse más tarde, y las mujeres muchas veces escapan a la obligación de hacer la cena. Durante cinco días se instalan los carnavales, que no son otra cosa que una gran nada bañada de la espuma del rey momo, enigmatico rey que nadie ha conocido, salvo por la foto del tarro de espuma, deleite y perdición de los chicos, que gritan y lloran para que sus padres les compren, uno dos, los que hiciera falta para correr y empaparse en esa nieve falsa, artificial, como muchas cosas que pasan en un pueblo y sobretodo en tiempos de carnaval.
Durante el carnaval, las mujeres se ponen sus mejores vestidos, altos peinados y sacan a relucir ese lápiz labial que secretamente habían comprado por encargo como si fuera un producto prohibido, y que luego nunca se animaron a usarlo porque para ir al almacén no te vas a estar maquillando las vecinas se podrían pensar que sos una casquivana una cualquiera que anda en búsqueda de problemas, entonces no, mejor no, se guardar hasta que se tenga una buena oportunidad, tal vez un casamiento, ese primo lejano que está en edad de casarse y que aún no lo ha hecho tal vez este año, tal vez pueda usarlo.
Días de fiesta donde todo el mundo se cruza en las dos cuadras de pueblo que hay, el escenario frente al palacio municipal donde esta imponiendo respeto el señor intendente, junto a su mujer, claro esta una mujer siempre debe acompañar al hombre y más en estos eventos públicos e importantes en la vida social, algunos concejales, y el presentador que habla a voz de grito cosas que nadie escucha, la gente no va a escuchar lo que dice el boludo, sí, porque es un boludo, que dice una sarta de boludeces, nadie presta atención, la gente va a ver, la gente va a acopiarse de información, a recopilar material, la gente va a estudiar caras, vestimentas, estilos, va a ver esas personas que les son esquivas durante el año, esas pocas personas que no se meten con nada ni con nadie, son como los grandes ausentes, hacen al pueblo, pero el pueblo no sabe mucho de ellos, por eso doña Angela, doña María va a ver, a mirar, a memorizar a todos aquellos que durante el año se les escapa como agua entre los dedos. Memorizan para tener alimento, de ese que no se consigue en el almacén o en la panadería, el alimento de un pueblo es de otra consistencia, otro origen, y es tan importante como el kilo de pan que compran todos los días luego de dejar sus hijos en la escuela y se van presurosas a hacer el almuerzo. En los carnavales de pueblo todo el mundo esta, todo el mundo va a disfrutar de la fiesta de verse en los otros, del saludo, de cruzarte con ese compañero de la escuela, y que desde que se casó no lo viste más, es tiempo del vermouth o de la cerveza entre los amigos mientras las mujeres atienden a los hijos y los reprenden por correr entre las señoras, por perseguir chicas, pequeño comienzo de la vida adulta, comenzás corriéndolas en el corso, cuando sos más grande las sacás a bailar y cuando te diste cuenta, te casaste y tenés dos hijos, tres, cuatro o por qué no? Cinco, y trabajás todo el día para que tengan un buen alimento, que se eduquen correctamente, y que empiecen a correr ellos mismos nuevas chicas en los carnavales, por que la vida es una cadena que nunca se detiene, nunca…
Nunca se detiene, y sabés que el próximo año vendrán otros cinco días, otros días de carnaval donde no te importará lo que suene por los parlantes, donde observarás con cuidado a tus vecinos, los de todos los días y aquellos esquivos que se nos escapan de la mirada diaria, la vida es una rueda incluso con los carnavales de pueblo.
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